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Imágenes derechos

Ganar experiencia con una cámara fotográfica tiene sus cosas buenas, pero es importante saber cómo proteger, publicar, vender o, simplemente, compartir las propias fotos en Internet. Esa visibilidad conlleva una serie de riesgos, sobre todo si esos contenidos se publican en la red. Distribuir archivos en internet resulta francamente fácil y copiar una imagen apenas conlleva 3 segundos de trabajo. De ahí que proteger los contenidos que uno ha generado resulte fundamental.

Las oportunidades son prácticamente infinitas a la hora de publicar fotografías. Acceder a ellas resulta tan fácil como hacer click sobre un enlace, llegando a lugares de lo más dispares. Eso también ofrece nuevas posibilidades de negocio para fotógrafos, quienes pueden disponer sus fotografías en portales de compra y venta de imágenes, o facturar trabajos por encargos para clientes de todo el mundo. El problema reside en la falta de respeto hacia las licencias que cada fotógrafo plantea cuando carga sus fotografías a la web. Es muy importante conocer los derechos del creador. Sobre todo, los derechos derivados de copia y distribución, que se plasman en licencias de todo tipo. Todos los autores de fotografía tienen la posibilidad de defender sus trabajos mediante las leyes de derechos de autor y de propiedad intelectual. En España también hay legislación al respecto.

Los derechos

Fotos derechos

Hace 20 años que España goza de una ley de propiedad intelectual. Por tanto, se trata de un texto que podría no estar plenamente adaptado a las necesidades de los fotógrafos actuales. Internet no se había desarrollado en los términos que ahora se conocen, pero ello no quita para que un fotógrafo siga disfrutando de los mismos derechos en relación a su obra. La ley de derechos de autor en España contempla disposiciones para el autor, para el derecho moral y de explotación, así como de participación y compensación. Igualmente, el derecho de explotación también tiene una serie de límites, dispuestos para evitar abusos y en pro del bien común.

Obviamente, cada uno de estos derechos tiene un significado. Los derechos de autor pueden dividirse en dos grupos: morales y económicos.

Derechos morales

En este caso, su razón de ser es proteger a los autores y las obras que estos realicen. Estos permiten al fotógrafo decidir cómo se deben divulgar las imágenes captadas por cada autor, que tiene el derecho de dar permisos de uso y retirarlos cuando así lo desee. Además, los derechos morales obligan a todas las personas que utilicen fotografías de autores terceros a firmar esos contenidos (debe aparecer el nombre del autor de la imagen siempre) y se deben activar todos los mecanismos para que no se cometan plagios. Cabe destacar que el derecho moral no prescribe jamás. No se puede comerciar con él ni renunciar a él ya que un autor de una fotografía nunca perderá esa condición. Otro asunto distinto es que el fotógrafo decida comerciar con el uso de esa imagen, algo que nada tiene que ver con los derechos morales.

Derechos económicos

El fotógrafo, como autor, dispone de los derechos de comercialización de todas las imágenes que ha tomado. En este caso, el fotógrafo sí puede ceder a otras personas de manera parcial o total esos derechos. Eso sí, la diferencia fundamental entre los derechos económicos y los morales es que los primeros se pierden setenta años después de que la persona que conserva esos derechos haya fallecido. Tras ese tiempo, los derechos pasan a ser públicos. Es decir, cualquier persona puede acceder a ellos. No así, en los derechos morales, que permaneces para siempre.

Derechos de explotación

El fotógrafo es el único que tiene poder sobre su obra para decidir si decide comerciar con ellas o cederlas a terceros, independientemente de si esa cesión es gratuita o recibe una compensación a cambio. Existen, de todas formas, una serie de derechos de explotación que todo autor debe tener en consideración a la hora de llevar a cabo una actividad comercial o de cesión de trabajos.

Reproducción

Foto copyleft

El derecho de reproducción permite a quien tenga los permisos del autor disponer de esos contenidos para publicarlos allá donde considere necesario. Hay infinidad de soportes, tales como libros, diarios, revistas o cualquier otro soporte. En todos ellos, siempre que el creador haya dado permiso para su reproducción, podrá verse reflejada la imagen.

Distribución

Igualmente, también existe la posibilidad de vender una fotografía pero sin renunciar al derecho de distribución. Esto implica que un autor puede vender la misma imagen a más terceros sin necesidad de firmar ningún tipo de exclusividad con el primer cliente. No deben confundirse los conceptos de reproducción y distribución ya que nada tienen que ver entre ellos.

Transformación

El autor de una fotografía también debe dar su consentimiento para que un tercero pueda modificar la imagen. Cualquier tipo de edición se considera transformación, que tiene como resultado el nacimiento de una obra nueva.

Campañas publicitarias

Al igual que en las anteriores, el autor debe expresar su consentimiento a un tercero para que este utilice una imagen en una campaña de publicidad, independientemente del medio donde se vaya a difundir. El acuerdo puede ser la cesión gratuita de la obra o recibir una compensación a cambio. De esta forma, el autor de las imágenes plantea diversas licencias que dan una serie de derechos de uso a quien las posee. Unos derechos, cabe decir, que no son ilimitados. Estas licencias garantizan al fotógrafo no perder el control de sus trabajos.

Copyright y copyleft

Foto copyright

Igualmente, existen dos modalidades de licencias a la hora de permitir la explotación de un determinado contenido. Se trata de las licencias copyright y copyleft.

Copyright

Es la licencia que más se usa. En este caso, el autor se guarda todos los derechos para él mismo. Solo él podrá disponer de ella a la hora de permitir su uso, distribución o modificación. En el caso de que otra persona quisiese disponer de alguno de esos privilegios, esta deberá ponerse en contacto con el fotógrafo para llegar a algún tipo de acuerdo. Puede ser una cesión de derechos de uso (los de explotación, ya que los derechos morales –de autoría– son intransferibles).

En resumen, si alguien está interesado en utilizar una fotografía protegida con copyright, el primer paso debe ser ponerse en contacto con su autor para pedirle permiso. El acuerdo no tiene por qué ser económico, ya que un autor puede dar su consentimiento sin necesidad percibir nada a cambio. Lo esencial solo es que se cuente con un permiso explícito del autor para disponer de esa imagen.

La utilización del copyright suele darse en empresas y profesionales de gran prestigio, quienes buscan evitar plagios de su trabajo. Otra opción es para los fotógrafos que no desean perder el control ni compartir sus contenidos en la red. El copyright da una gran seguridad a los profesionales.

Copyleft

A diferencia del copyright, el copyleft es un tipo de licencia que autoriza a un tercero utilizar, copiar y distribuir todo tipo de contenidos. Lo único que debe hacer es indicar quién es el autor de esas imágenes. Además, la persona que dispone de estos contenidos no tiene la necesidad de contar con la autorización del creador de esos contenidos para poder utilizarlos. Solo hay que incluir la firma del autor. Es decir, reconocer quién es el creador de una manera visible. Las licencias copyleft son muy comunes en la red. Las más populares entre los internautas son las Creative Commons.

Esta licencia permite a los fotógrafos compartir todas sus obras siguiendo unas condiciones de uso muy personalizadas. Por ejemplo, permite a los creadores reservarse tan solo unos derechos de su obra, algo que no sucede con los términos del copyright, en el que se reservan todos y cada uno de los derechos de uso y distribución de la obra.

Las licencias Creative Commons deberían ser una opción muy a tener cuenta por todos los fotógrafos que comienzan a dar sus primeros pasos en el campo de la fotografía profesional o amateur. Este tipo de licencias fomentan la difusión de los trabajos ya que otorgan más permisos a todas las personas interesadas en utilizar esos contenidos.

De todas formas, eso no conlleva que la obra esté desprotegida. No se debe perder de vista que controlar bajo copyright todas las imágenes de la red resulta una tarea muy complicada, por no decir imposible, a lo que hay que sumar los altos costes que tiene acudir al juzgado para demostrar la utilización indebida de esas fotografías.

En cambio, mediante las Creative Commons un autor se garantiza la difusión y la notoriedad, ya que aquellas personas o medios que utilicen esas fotografías también citarán al autor y seguirán las condiciones establecidas por el mismo. Desde un punto de vista práctico, los fotógrafos noveles deberían acogerse a fórmulas basadas en copyleft, ya que reservar todos los derechos conlleva más inconvenientes técnicos que ventajas.

Cesiones

Otra opción consiste en preparar un documento de cesión de derechos de uso, al que se pueden incluir otras cláusulas que permitan la modificación y reproducción, así como la distribución de ese contenido. En ese contrato puede haber algún tipo de contraprestación económica o en especie, o tratarse de un mero documento en el que se pacta la cesión gratuita de la imagen. Ese contrato sirve para demostrar la posesión de la licencia o las licencias que el autor concede a un tercero.

Hay que dejar claro que estos contratos son totalmente restrictivos y reservados de manera exclusiva a la persona física o jurídica, que también puede ser una empresa, que firma o se responsabiliza de ese contrato. Por tanto, si en ese documento se indica que el titular del contrato puede modificar la imagen, ello no quiere decir que otra persona pueda hacerlo.

Responsabilidades como autor

De todas formas, un autor no solo tiene derechos, también debe acatar una serie de responsabilidades. Incumplirlas puede causar algún que otro quebradero de cabeza en el autor. En este sentido, cada autor debe poder demostrar que es el autor de la imagen que ha compartido en la red y que no se trata de una copia de una obra realizada por otro fotógrafo. Igualmente, hay que evitar capturar otras obras protegidas por derechos de autor ya que se estaría incurriendo en una violación de los términos. Y por último, y además muy importante, garantizar la protección de la infancia. Es obligatorio disponer de los permisos pertinentes cuando se toman fotografías a niños y niñas. Una mala praxis en este campo puede provocar que el autor tenga que responder ante la justicia, que siempre ha dictado sentencias favorables a las familias.

Por eso, cuando se tomen fotografías de niños habrá que pedir por escrito permiso al padre y a la madre (no vale uno solo), en el que se deben incluir sus documentos de identidad y otras pruebas que garanticen que esos permisos no son meras falsificaciones. Hay que pensar en que esos documentos deben servir como prueba en el hipotético caso de tener que defender la actividad ante un juez.

Otros métodos para proteger imágenes

Imagen copyright

Por último, existen una serie de pautas orientadas a proteger en la red las imágenes tomadas. Por un lado, es necesario registrar las fotografías en portales especializados en ello. Todas ellas se encargan de incluir las denominadas firmas digitales en esas capturas, que permiten mediante procesos informáticos determinar la autoría de cada contenido.

Además, la utilización de sitios de confianza para publicar fotografías es otra de las posibilidades. Estos sitios permiten adaptar las licencias otorgadas a cada imagen, desde reservar todos los derechos a permitir todas las opciones que permite el ya mencionado copyleft. Otra opción, aunque más limitada para la difusión de autores noveles, pasa por crear un sitio web propio en el que no se puedan descargar imágenes ni hacer los conocidos pantallazos. Por último, dos sugerencias técnicas: cargar imágenes que tengan una resolución baja (así se evitan robos e impresiones editoriales) y dejar los archivos RAW en el disco duro del ordenador. De esta manera, la capacidad de modificación de ese archivo se ve afectada.